En el mundo de la hostelería hay pocas formas de librar y de que te coincida con el fin de semana. En mi caso, libro las tardes de los miércoles y los jueves. Un día y medio es más que suficiente para descansar la mente de la cocina. Librar los jueves es una pequeñísima putada, pues las noches de los miércoles no hay mucha fiesta que digamos…
La mañana de los miércoles el minutero del reloj no pasa, por más que cortas, elaboras y organizas, el tiempo no transcurre. Es extraño, al día siguiente, como hoy, el tiempo vuela y cuando quieres darte cuenta estas metiéndote en la cama, preparando el despertador para a la mañana despertarte y acto seguido enfilar la ducha. ¿Cómo es posible que ocurra esto? ni pajolera idea la verdad, pero te das cuenta de que en una mañana pocas cosas de provecho haces, por no decir ninguna. Yo la mía la he pasado delante de un ordenador, metiendo datos. Podría haber salido a correr por el campo o a pasear, pero he preferido dedicársela a los scouts, ya que aparte de ser cocinero, los sábados, en mi tiempo libre, ejerzo de monitor.
Hoy no tengo mucho que contar. Mañana empieza el fin de semana y un cocinero estará de vacaciones durante 15 días, lo cual implica que seremos uno menos, sudaremos un tercio más de lo acostumbrado debido a que una partida se quedará sin cocinero; y eso se va a notar mucho. No quiero ni pensar en el repartimiento de sus tareas ¿quién las hará?... uff, mejor no pensar y dejar que los veteranos se apliquen. Que lo hagan ellos. Aunque tanto ellos como yo, sabemos que al final me comeré yo la mayoría del trabajo; por eso de ser el nuevo...